Una cabina que cambió la noche barcelonesa
La pista giratoria del primer Nitsa convirtió a Sideral en una figura magnética de la Barcelona postolímpica: un DJ capaz de reunir a indies, ravers y amantes del techno bajo una misma selección sin fronteras. Su forma de pinchar no respondía a una escuela cerrada, sino a una intuición feroz para leer la pista y tensar la sesión con música que podía venir del house, el electro, el pop independiente, el rock, la EBM o el drum and bass.
Del pop de guitarras al mito de Nitsa
Antes de quedar asociado a la cabina, Aleix Vergés ya se movía entre instrumentos, bandas y canciones. En la primera mitad de los noventa fue cantante, guitarrista y compositor de Peanut Pie, grupo barcelonés de pop con pulso de Madchester que ganó el concurso de maquetas de Rockdelux y publicó un álbum producido por Enric Palau y Sergio Caballero. Su salto decisivo llegó en 1994, cuando empezó a pinchar en el Nitsa de la plaza Joan Llongueras. Entre 1994 y 1997 se consolidó como residente y emblema del club, justo en el momento en que la electrónica empezaba a ocupar un lugar central en la noche de Barcelona.
Eclecticismo como declaración de estilo
Su carisma, su estética cambiante y su lectura intuitiva del público hicieron que sus mezclas circularan en cintas y se comentaran como acontecimientos. En Barcelona pasó por salas como Moog, Salsitas, Otto Zutz, Razzmatazz y Mond Club; en Madrid apareció de forma habitual por Siroco, El Nasti y Low Club. Su proyección se amplió con residencias y sesiones en Irlanda, especialmente en The Kitchen de Dublín, además de actuaciones en espacios y festivales como Florida 135, Industrial Copera, FIB, Sónar y Groove Parade, el festival que después se asociaría a Monegros.
Grabaciones, sello propio y una estela pop
Su discografía como mezclador fijó parte de ese imaginario: Darkhouz & Popotronic en 2001, Schizotronic & Techno en 2003 y Popotronic 03. El problema en 2006. También publicó cortes como Keeper 21 e If You See Kate (FUCK), remezcló a Sidonie y puso en marcha el sello Hit Kune Do, reflejo de su fascinación por Bruce Lee y por una idea flexible del estilo. Tras su muerte en Barcelona en 2006, quedó pendiente su vertiente más pop; ese material tomó forma en Canciones Siderales, publicado bajo el nombre Leire. Su figura continúa ligada al nacimiento de una cultura club española más híbrida, emocional y arriesgada. Los Planetas le dedicaron Tendrá que haber un camino, interpretada por Enrique Morente, y su recuerdo permanece como el de un selector que no solo pinchaba discos: abría caminos.