Una sala de bolsillo en la zona alta
La escala reducida marca el carácter de Boris Club: un aforo de 250 personas pensado para escuchar de cerca, mirar la cabina sin distancia y construir una noche más selectiva que masiva. El club ocupa el número 25 de Carrer de Bori i Fontestà, en la zona alta de Barcelona, y se integra en el ecosistema de ocio de Costa Este, el grupo asociado a recintos como KU Barcelona, Opium o Bling Bling. Su apertura pública llegó en octubre de 2025, después de una inauguración privada, como primer nuevo club del grupo desde 2018.
El antiguo Bacarrá, reimaginado
El proyecto nace sobre el espacio del antiguo Bacarrá, completamente rehabilitado para funcionar con otra lógica de pista. La intervención de Futur2 apostó por un interior cálido, oscuro y contemporáneo, con texturas discretas, rojos profundos y una iluminación envolvente que evita el formato de sala genérica. La decisión más importante está en la escala: Boris no busca competir con los grandes templos de la ciudad, sino proponer un recinto compacto donde la acústica, la mirada de la cabina y la circulación del público tengan peso real. El sistema d&b audiotechnik refuerza esa idea de club pequeño pero exigente, diseñado para que la presión sonora no dependa del exceso, sino de la definición.
Electrónica adulta y pista de proximidad
La programación se mueve dentro de una electrónica de club contemporánea, con especial presencia de house, techno, afro-house, deep house, tech y melodic techno, además de conexiones con el afrobeat, el amapiano y el indie dance. En sus primeras fechas aparecieron nombres como Dorian Craft, Andrea Castells, K:ROL o Marten Lou, en una línea artística orientada a DJs capaces de leer una sala pequeña y mantener narrativa de pista. La cabina funciona como foco físico y simbólico: el público queda a pocos pasos del selector, sin perder el componente sofisticado que define la puerta y la experiencia de noche.
Privacidad, VIP y nuevo mapa nocturno
Boris trabaja con un formato de apertura de jueves a sábado y reservas de mesas VIP, pero su interés para la cultura de club no reside solo en la exclusividad. Su valor está en introducir una sala electrónica de escala íntima en un área de la ciudad más asociada al ocio elegante que al circuito underground. La combinación de sonido cuidado, público adulto, programación selectiva y diseño inmersivo lo sitúa como una alternativa al eje más turístico y masivo de Barcelona. En activo y con calendario propio, el club funciona como un laboratorio pequeño para una escena que cada vez busca más identidad, confort y precisión sonora.